En los países
occidentales no hay Estado moderno, secularizado, si el Estado se adscribe a
una determinada religión, o privilegia a determinadas confesiones religiosas en
detrimento de otras. Esto es lo que acontece, por ejemplo, en los regímenes
islamistas, y también en nuestro país.
La existencia en las
Universidades públicas españolas de capillas y lugares de culto constituye una
rémora heredada del nacional-catolicismo que es preciso superar para que se
cumpla el principio constitucional de la igualdad de todos los españoles ante
la ley. La época en la que los cardenales se sentaban en las Cortes franquistas
se ha terminado, esperemos que para siempre, y afortunadamente ya no quedan caudillos que se mantengan en el poder por la gracia de Dios.
Según datos de la Fundación
Santamaría recogidos en el año 2006 los jóvenes españoles entre 15 y 24 años se
autodefinen como agnósticos y ateos en un 46%, y tan sólo un 10% se consideran
católicos practicantes. ¿Por qué una pequeña proporción de católicos gozan en
el marco de un Estado democrático, y en una Universidad pública, del privilegio
de disponer, para su exclusivo y particular disfrute, de unos espacios que son
de todos? La existencia de las capillas no sólo supone una discriminación para
el resto de las confesiones religiosas, sino que además separa arbitrariamente en
el espacio público, que es el espacio común, a los católicos del resto de los
ciudadanos. En breve se van a cumplir 30 años desde que tuvo lugar la
aprobación de la Constitución, y la existencia de capillas universitarias contradice
tanto la letra como el espíritu de la Constitución.
En Madrid existen numerosas
iglesias parroquiales, numerosos conventos y oratorios, en los que los
católicos se pueden reunir a su antojo, realizar sus oraciones, impartir
catequesis, en fin, organizar actos de culto con plena y total libertad. La
apropiación de espacios públicos de la Universidad para determinados usos
religiosos, para el exclusivo disfrute de unos pocos fieles de una determinada
confesión religiosa, es un acto de discriminación para los no creyentes, así
como para los creyentes de otras confesiones, y un contrasentido que es preciso
superar cuanto antes. La Universidad pública no es un espacio de rezos, sino de
producción y transmisión de saberes científicos.
Profesores, estudiantes y
personal de la Universidad Complutense, integrados en el Foro Universitario de
Izquierdas, pedimos a todos nuestros compañeros, tanto creyentes como
agnósticos, que se movilicen para recuperar, en beneficio de la comunidad
universitaria en su conjunto, espacios públicos que están siendo
instrumentalizados al servicio de unos pocos. Pedimos a los distintos Consejos
de Departamentos que se unan a esta justa propuesta para que sea discutida y
aprobada por las Juntas de Facultad y en la Junta de gobierno de la Universidad.
Es una vieja exigencia de la justicia y de la racionalidad democráticas
para la mejora de la universidad pública.
FORO UNIVERSITARIO DE
IZQUIERDAS
Mayo 2008