¿Laicismo radical?

José A. Rovira

Muchas personas entendemos el laicismo como un principio y unos valores asociados a la democracia y al pensamiento ilustrado, a la libertad de pensamiento y de conciencia, a la libertad de la práctica religiosa y la defensa de los derechos cívicos universales. También como un instrumento para establecer la separación total del Estado de las confesiones religiosas, evitando que un grupo religioso imponga sus creencias, moral y dogmas al conjunto de la ciudadanía. Las actuaciones laicistas, tal como la que ha llevado a un juez a emitir una sentencia en la que dice que el Estado se prohíbe a sí mismo cualquier concurrencia, junto a los ciudadanos, en calidad de sujeto de actos o de actitudes de signo religioso"; o tal como, en Zaragoza, a pedir la retirada de un crucifijo en las sesiones del Pleno del Ayuntamiento, no son un acto de radicalismo sino la muestra palpable de las iniciativas ciudadanas encaminadas a lograr esta neutralidad de las instituciones públicas en materia religiosa recogida en nuestra Constitución.

El vigente Código Penal protege las creencias religiosas, pero en igualdad de condiciones protege el derecho de todo ciudadano a no tener ninguna creencia, sin tener por ello que ser insultado. Los ciudadanos estamos acostumbrados a todo tipo de mensajes dogmáticos de cualquier religión, pero cuando defendemos la separación entre las religiones y los poderes del Estado ¿somos unos radicales? El laicismo en el fondo es una cuestión muy sencilla basada en la neutralidad, en la libertad y en la justicia. Cúmplase la Constitución, cúmplase la legalidad.

Cartas al director El Periódico de Aragón