LA ASOCIACIÓN CULTURAL ESCUELA LAICA DE VALLADOLID PIDE A LA JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN QUE ACEPTE LA SEPARACIÓN IGLESIA-ESTADO Y AL GOBIERNO CENTRAL QUE LAS INTENCIONES DE RETIRAR LOS SÍMBOLOS RELIGIOSOS DE LOS CENTROS EDUCATIVOS PÚBLICOS NO SE QUEDE EN UN GLOBO SONDA
La Asociación Cultural Escuela Laica de Valladolid (ACEL), ante la
polémica causada por las declaraciones del Ministro de Justicia, Francisco
Caamaño, relativas a la intención del Gobierno de incluir en
el proyecto de la futura Ley de Libertad Religiosa la supresión de
simbología confesional de los centros educativos públicos, desea
manifestar lo siguiente:
Por un lado, ACEL se congratula de que el Ministro desee “incorporar al ordenamiento
jurídico la jurisprudencia que los tribunales han ido dictando”. Ello
nos hace recordar la sentencia obtenida en Valladolid el pasado mes de Noviembre
en un proceso promovido por esta Asociación, que obligaba al colegio
público Macías Picavea a retirar los símbolos que presidían
sus aulas.
Sin embargo ACEL estima que si se hubiese desarrollado reglamentariamente
el mandato constitucional de aconfesionalidad del estado a su debido tiempo,
y no más de 30 años después de aprobarse la Constitución,
habría sido innecesario que los ciudadanos tuvieran que litigar en
defensa de sus derechos fundamentales, con los costes de todo tipo que ello
conlleva, pese a que el Estado está obligado a garantizarlos. Cuando
el Ministro alude a incluir en el ordenamiento jurídico la jurisprudencia
de los tribunales, ¿quiere decir que si no hubiésemos “tirado
del carro” los ciudadanos de a pie no se habría producido esta iniciativa
legislativa? Si es así, nos parece digno de reflexión.
Puesto que más vale tarde que nunca, ACEL se alegra de que una ley
pueda concretar lo que esta Asociación ha venido sosteniendo desde
que inició el proceso de solicitud de retirada de los símbolos
confesionales de los centros educativos públicos: que no puede haber
confusión entre “el fenómeno religioso y el espacio público
y la laicidad del Estado”, utilizando las palabras del propio Ministro, ya
que esa situación era propia del ordenamiento jurídico de la
dictadura pero prohibida a raíz de la promulgación de la Constitución.
La satisfacción de ACEL se basa tanto en un plano general, al constatar
que de aprobarse ese aspecto de la futura Ley nadie se verá ya obligado
de ahora en adelante a mantener un conflicto como el vivido en Valladolid,
como en un plano más concreto al ver más cercano el final del
túnel del caso del colegio público Macías Picavea, que
no está felizmente finalizado debido a que la Junta de Castilla y León,
por deseo expreso de su presidente, Juan Vicente Herrera, recurrió
la sentencia de instancia que obligaba a retirar los símbolos de las
aulas.
Por ello, ACEL invita a la Junta de Castilla y León a que a raíz
del anuncio del Ministro de Justicia recapacite y que, tras lavarse las manos
en primer lugar no atendiendo la solicitud de retirada pese a ser la administración
con competencias en materia educativa en Castilla y León, y manchárselas
después recurriendo la sentencia pese a que ésta estipulaba
que esa situación vulneraba derechos fundamentales de las personas
como la libertad de conciencia y el principio de igualdad, asuma de una vez
que ya no está vigente el ordenamiento jurídico del franquismo,
que establecía una religión de Estado, sino otro que establece
claramente la separación Iglesia-Estado.
Volviendo a las declaraciones de Francisco Caamaño, éste habla
de la necesidad de “dar un paso adelante”. ACEL opina que todo lo que signifique
dar pasos adelante es positivo. Esperamos que se cumpla y no se trate de un
globo sonda, ni tenga coladeros que permitan incumplir un mandato basado en
la Constitución, tal como puso de manifiesto la sentencia de Valladolid.
En este sentido, ACEL expresa cierto temor a una interpretación generalizada
y de manga ancha respecto a la excepción aludida por Caamaño,
de preservar los símbolos que posean valor histórico-artístico.
El Ministro de Justicia indica que “en ese caso no podrán destruirse”.
Este tema concreto ha generado una polémica artificial ya incluso antes
de las declaraciones de Francisco Caamaño, cuando a ACEL se le acusó
de pretender destruir, o quemar, los crucifijos. Ante estas manifestaciones
ACEL reitera que nunca ha pretendido, ni siquiera insinuado, la destrucción
de ningún símbolo, ni con valor histórico-artístico
ni sin él, sino simplemente que estén en el lugar que les corresponde,
que en ningún caso es presidiendo la actividad educativa de un centro
público.
Por ello, si los símbolos están catalogados como histórico-artísticos,
deberían estar en un museo, o incluso podrían estar en el colegio
siempre que el mismo disponga de una sala destinada a museo, o esté
decorado por otras variadas muestras artísticas, no exclusivamente
de carácter religioso, y siempre que los niños lo entiendan
así, como representación escultórica o pictórica
de valor artístico relevante, y no trasmitiendo unos valores que es
lo que ocurre si están colgados presidiendo la actividad educativa
de las aulas y que es lo que vulnera derechos fundamentales y principios constitucionales
al identificarse esos valores con la actividad pública estatal. No
obstante, pocos colegios disponen de sala museo, por lo que lo más
lógico sería cumplir las recomendaciones recibidas por todos
los ciudadanos de donar las obras artísticas a los museos. Salvo, claro
está, que sean inescindibles del edificio, como todo el mundo puede
comprender.
Por último ACEL quiere expresar su deseo de que la futura ley aborde
en profundidad todos los aspectos relacionados con la libertad de conciencia,
garantizándola, lo que solamente puede venir si se profundiza en los
principio laicos, y por tanto democráticos, por lo que dicha ley no
debe ser exclusivamente de Libertad Religiosa sino garantizar que todas las
opciones de conciencia, sean o no religiosas, estén en pie de igualdad.
Es decir, que sea una verdadera Ley de Libertad de Conciencia.