Escuela laica
Julia Jabary
17.06.2008
Es un principio. Es también el nombre de un movimiento ciudadano que,
en Valladolid, lleva recogidas 4.317 firmas con el fin de dejar la Religión
fuera de la escuela pública. Y no es que sirva de mucho o que una servidora
tenga hijos en edad de merecer el cumplimiento, en este campo, de los compromisos
adquiridos por el actual Gobierno democrático y de España, pero
quiero que conste: Yo también quiero firmar. Es tremenda la arrogancia
de una Iglesia que se dice de Cristo y que pretende obligar a tirios y a troyanos
que vayan al cielo -al suyo, claro- a puritito huevo. La presunción de
sus líderes de que sólo ellos saben lo que es bueno para todos
los demás. Pero, ¿qué se han creído? Aquí
todos sabemos leer -e incluso sumar y restar-. Que ellos son muy libres de hacer
con lo suyo lo que estimen conveniente, nadie lo pone en duda, pero que el dinero
público es, por definición, público es también una
verdad de Perogrullo. Opinamos, por mucho que insista Wyoming, que «lo
que España vota, NO va a misa» Y, además, ni falta que hace.