Rouco Varela se levanta contra la Revolución Francesa

El semanario del cardenal asegura que vivimos en una “realidad totalitaria” con origen en Robespierre

S. C.

De la Revolución Francesa a la Involución Madrileña. El semanario del arzobis­po de Madrid, Alfa y Omega, controlado por el cardenal Rouco Varela, vuelve a insi­nuar desde sus páginas que estamos en la antesala de un régimen totalitario como los de Hitler o Stalin, “porque esto es lo que ocurre cuando el hombre decide que Dios ha muer­to”. Recientemente, el propio Rouco atribuyó el origen de la Guerra Civil a la ne­gación de Dios. En el mismo reportaje del semanario católico, sitúan a la Revolución Francesa –"el primer genocidio moderno"– como el origen de todos los males de la Igle­sia, de los totalitarismos y de la sociedad actual. Lamentan “la degradación social que causó” así como que supuso el “fin de la Iglesia como institución fuerte e independien­te”.

Alfa y Omega abre su último número con el reportaje Cuando el hombre se cre­yó Dios, en el que lamentan la pérdida de privilegios que sufrieron con la Ilustración: “el Siglo de las Luces no deja de ser la época de lucha contra el liderazgo cultural de la Iglesia desde que los bárbaros irrumpieron en el imperio romano occidental”.

Ya abordando la Revolución Francesa, vuelven a suspirar porque a partir de en­tonces el Estado asumió “la educación y la asistencia social por el desmantelamiento de la red educativa y asistencial de la Iglesia”. Rouco ha reclamado públicamente recuperar esas competencias y que el Estado se limite a garantizar el orden, y lo ha hecho en tér­mi­nos muy similares a los del reportaje de Alfa y Omega mezclando Revolución France­sa, Estado de Bienestar y totalitarismo. En un discurso reciente, aseguró que desde la Revolución Francesa, “el nuevo Estado liberal va extendiendo su campo de actuación a la enseñanza, al matrimonio y a la familia y a los servicios sociales, de forma monopoli­zadora”, dando así lugar a “la escuela estatal única laica, el matrimonio civil obligatorio, la beneficencia estatalizadora, etc.”

El reportaje trata de situar en la Revolución Francesa el origen de todo tipo de excesos históricos, y obviando la complacencia de la Iglesia con dictaduras totalitarias recientes y su participación –mediante la etiqueta de moderno– en capítulos como la In­quisición o los excesos cometidos en América en nombre de la Evangelización, declaran que a partir de 1789 se produjo “el primer genocidio moderno”. También critican la re­volución que luchó contra el inmovilismo social y abolió la diferenciación jerarquizada de tres estamentos cerrados –nobleza, clero y pueblo– porque su "consecuencia más dra­mática fue la degradación social que causó" y "el fin de la Iglesia como institución fuer­te e independiente".

En un recuadro firmado por Paul Johnson, de The Spectator, apuntan que “los utopistas, si lo son en serio, tienden a convertirse en terroristas” y Robespierre “inventó tanto el utopismo como el terrorismo moderno”. A partir de ahí citan una serie de "uto­pías" que se derivarían de esta inicial: las de Stalin, Hitler, Mao Tse-tung... En cualquier caso advierten de que “el exterminio”, si es anterior a Robespierre, “es un fenómeno an­tiguo” y que a veces “se disfraza de anticolonialismo”, aunque se le incorporan elemen­tos nuevos. Los terroristas islámicos están motivados “por una mezcla de fe religiosa y variantes modernas del marxismo”.

El reportaje acaba con una lectura actual donde se advierte contra las sociedades laicistas con frases como esta: “El emigrante es libre de venir, el trabajador es libre de aceptar ciertas condiciones laborales y el comerciante es libre de abrir en festivos. Es la vuelta a los orígenes, es la vuelta al contrato social de Rousseau, donde el débil no debe existir, por ser una carga para una sociedad utilitarista (…). La construcción de una so­ciedad relativista que no reconozca la realidad cristiana de nuestra sociedad, volverá a quedar indefensa ante los nuevos totalitarismos”.


NOTA: Aquí va insertada una foto que, como no se podía mandar incluida en el mensaje, la envío aparte como adjunto.

El Plural, 10-10-08