¿QUÉ LES MOLESTA TANTO?


Jesús María Villaverde

Hemos leído en Diario de Burgos que una serie de colectivos sociales, algunos de ellos relacionados con la defensa de los trabajadores, han fundado una plataforma para quitar el trabajo a los docentes de Religión. Se autodenominan Plataforma para una Escuela Laica. Y nos hemos preguntado qué es lo que, de forma tan reiterada, molesta a determinados colectivos a propósito de la clase de Religión.
Lo hemos dado vueltas y creemos que no pueden sentirse molestos porque estemos haciendo posible que los padres determinen la fe que debe transmitirse a sus hijos ni tampoco creemos que nieguen la importancia cultural de los conocimientos religiosos. ¿Cómo van a pensar que la formación religiosa no forma parte de la formación integral de una persona o que saber qué es un concilio ecuménico no es un dato cultural?
No creemos que les parezca mal que con las clases de Religión se dé cumplimiento al artículo 26/3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que establece que los padres tienen «derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos». ¿Cómo les va a parecer mal que se respeten los derechos humanos?
Tampoco creemos que les parezca mal que impartiendo clases de Religión Católica se esté dando cumplimiento al artículo 27 de la Constitución Española que, hablando de la educación en la escuela, establece que los poderes públicos garantizarán «el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones». ¿O sí? ¿Será, quizás que les molesta que se cumpla un Acuerdo Internacional -el establecido, por ejemplo, entre el Estado español y la Santa Sede en 1979 -olvidando que dicho Acuerdo no es sino una plasmación concreta de lo que establecen los Derechos Humanos y la Constitución española vigente, en lo que se refiere a la Religión Católica?
La verdad: no terminamos de entender qué es lo que molesta tanto ni por qué.
Abogan los colectivos firmantes por la implantación de una escuela laica. Veamos: ¿Cómo funcionaría en concreto una escuela laica?: ¿sería una escuela que haría como si Dios no existiese o una escuela que no creería en Dios? Pero claro, creer que Dios no existe también es una creencia: uno cree que no existe. Y si un profesor cree que sí existe e hiciese como que no existe, ¿no se estaría en una especie de impostura?
Más. En el supuesto concreto de que en el ámbito de esa escuela laica, un niño preguntase a su profesor algo sobre Dios (los niños son muy indiscretos e inoportunos), ¿cuál sería la correcta respuesta a la cuestión? Porque responderle que «ésa es cuestión que no procede responder en la escuela» sería ignorar uno de los grandes principios de la pedagogía que prescribe partir siempre de las inquietudes y preguntas reales de los alumnos. Y si se le respondiese que «no existe», más que de una escuela laica estaríamos hablando de una escuela atea, ¿no? ¿No sería entonces la mejor solución que a cuestión tan importante el niño inquieto pudiese encontrar oportuna respuesta en la clase de formación religiosa que sus padres hayan estimado como más valiosa? Y ¿no es precisamente esto lo que ofrece la escuela actual con las clases voluntarias de Religión?
Comenzábamos esta reflexión preguntándonos qué es lo que tanto molesta a quienes reiteradamente insisten en presentar como un logro social «sacar de la escuela la clase de Religión».
Algunos, teniendo en cuenta la proclama que al final de esa nota de prensa hizo uno de los promotores a favor de la asignatura de Educación para la ciudadanía, nos han sugerido que posiblemente en este caso no se trate sino de una especie de intento de resarcimiento por los ataques que esa asignatura - Educación para la ciudadanía - ha sufrido por parte de algunos sectores. Nos hemos quedado pensándolo pero, al final, hemos descartado ese motivo. Y lo hemos descartado, primero, porque la Religión Católica no se le impone a nadie en la escuela; es de libre opción, mientras que la Educación para la ciudadanía se impone por ley a todos. Y, segundo y más importante, no resistimos a pensar que unos colectivos preocupados por el bienestar social, ataquen algo por simple resentimiento.
Así que…seguimos preguntándonos qué es lo que les molesta tanto


(*) Jesús María Villaverde y 56 profesores de Religión más firman este artículo